White Christmas No recuerdo que haya nevado nunca en Navidad. Y no será por no haberlo deseado; las Navidades son blancas en todas las películas, en todos los cuentos, y aquí, como mucho, llovía. Y ya. Qué caprichosos son los niños; yo también quería que nevara en Navidad.

Aunque no sólo en Navidad; los aproximadamente tres días al año en los que la posibilidad de que nevara era real (o así lo decían en la tele) me despertaba por las mañanas y salía corriendo con la esperanza de verlo todo blanco. Incluso intentaba adivinarlo por el color de la luz cuando mi madre me abría las persianas. Casi siempre terminaba desayunando decepcionada, porque para las veces que ha nevado aquí, el 90% de las veces en suelo ha durado blanco una media hora.

Pero parece que hoy le ha cogido ganas. Me he despertado a las 9:30 gracias a mi inflamación de garganta, que me ha obsequiado con unas cuantas arcadas mañaneras de lo más agradables. Y estaba preparándome mis crêpes (costumbre desde ayer, inspirada por la compra de una plancha de éstas que se han puesto de moda) para desayunar cuando me he dado cuenta.

Ahora mismo sigue nevando (o granizando sin demasiada fuerza), la temperatura está un poco alta pero bajando (sin prisa pero sin pausa, 4.8º ahora mismo) y, aunque parece que no hace frío suficiente, el cielo tiene un color gris cargado que promete. Espero que siga así el resto del día: estoy empezando a sentirme febril, y hacer un fuego y meterme debajo de la manta con un chocolate caliente mirando la nieve caer fuera me sentará realmente bien.

Otras entradas relacionadas
No Related Posts