La verdad es que iba predispuesta a luchar contra mis impulsos de huir de la sala por todo lo que se había dicho de esta película (Tideland), pero no hubo ninguna necesidad.

Me gustó la atmósfera, y la luz del sol tan naranja todo el rato. Es posible que, como decían algunas críticas, se haya pasado de ida de olla esta vez, pero a mí me ha convencido. Quiero decir, no es que me haya parecido la película definitiva, pero me he creído todas y cada una de las cosas que he visto a través de los ojos Jeliza-Rose (que, por cierto, tiene un nombre que suena genial): que el campo de hierbas altas (y también naranjas) es un océano, y que Dickens es el capitán de un submarino que navega por ese océano con el único objetivo de matar al gran tiburón (y que lo consigue). Me creo hasta la historia entre ellos dos.

Tiene algo que me ha recordado a Coraline, de Neil Gaiman. Y se salir del cine, nada. No sólo las he visto muchísimo peores, es que ésta me ha gustado.

Drogazale bikote bat etxe kalamastra batean bizi da, alaba txikiarekin. Emaztea ustekabean hilko denean, aita-alaba landetxe korrokoil batean kokatuko dira. Aita ere hil egingo da, eta alabak, orduan, ezin pertsonaia bitxiagoez jositako alegiazko mundu bat eraikiko du.

Una pareja de yonquis y su pequeña hija habitan una casa destartalada. La mujer muere repentinamente y padre e hija se trasladan a una desvencijada mansión en el campo. Cuando el padre muere, la niña se construye un mundo imaginario poblado por extraños personajes.

A couple of junkies and their little daughter live in a house that’s falling apart. The woman suddenly dies and father and daughter move to a decrepit mansion in the countryside. When the father dies the girl builds an imaginary world for herself full of strange characters.

Terry Gilliam, Canadá-GranBretaña 2005. 122′.

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