Una de las primeras cosas que me ha llamado la atención al aterrizar en Nueva York es el tema de los coches. Todos son enooooormes; pueden ser más nuevos o más viejos (los he visto a punto de caerse a trozos), pero nunca pequeños. Luego, al menos en Manhattan, digamos 6 o 7 de cada 10 son taxis, y de éstos 9,9 de 10 son un modelo muy concreto de Ford.

También he observado que, en general, son bastante poco cuidadosos con mostrar grandes cantidades de billetes en público. El señor que nos vendió los billetes del autobús del aeropuerto a Manhattan llevaba un fajo enorme, y en el camino al hotel pude ver a unos cuantos de estos que esperan a la puerta del hotel también contando dinero de fajos bastante grandes.

Para terminar con las primeras impresiones, la gente aquí parece muy amable comparando con cómo somos allí. Cada vez que nos sentamos a tomar algo, alguien nos abre una puerta o lo que sea, nos han saludado con cordialidad y de forma cercana (más o menos formal según las circunstancias), y una cantidad para mí inusual de veces incluso nos han preguntado que qué tal estamos o qué tal llevamos el día. Igualito que por allí, vamos.

En fin, quería escribir esto antes de que se diluyera por completo, porque estos días casi todo resulta ‘nuevo’. Seguiré informando; ya he subido algunas fotos, más según las vaya sacando… todavía queda!

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