Los ingenieros del agua dejaron el calentador de la piscina en marcha demasiado tiempo y, por la noche, los vapores de cloro se elevaron por encima de la vida vegetal del planeta, y yo imaginé mi carne en el interior de la piscina, cálida, protegida, sintiendo la gravedad, pero capaz al mismo tiempo de burlarla flotando. ¿Flotarías conmigo ahora, si te lo pidiera, saltarías a la piscina, sin desnudarte siquiera?

¿Podría desnudarte dentro, quitarte la ropa y hundirnos juntos en el agua?

Me asusta.

No quiero perderte. No puedo imaginar que vuelva a sentir algo tan intenso por nada ni nadie.

Ha sido algo inesperado, la conexión de mi alma contigo.

Me has robado la soledad.
Nadie sabe que estaba deseando que tú, una ladrona, entraras en mi casa autónoma, que había cerrado las puertas, pero que las ventanas estaban abiertas, esperando, sin fe, que entraras.

Douglas Coupland, Microsiervos
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